Exámenes de Laboratorio

UROSCOPIA

La uroscopia, la inspección macroscópica de la orina, precursora del uroanálisis moderno (parcial de orina), ha sido una de las pruebas que primero utilizó el hombre en su lucha contra la enfermedad. En la escritura cuneiforme de los babilonios se relata que al médico se le denominaba Asu, que traduce “el que sabe de aguas”. Hipócrates (460-377 antes de Cristo) enfatizó en la importancia de la uroscopia junto con el examen del esputo, el vómito y las heces en sus estudios de la patología de los humores. La uroscopia y el estudio del pulso fueron aspectos dominantes en los métodos diagnósticos atribuidos a este hombre, conocido como el Padre de la Medicina.

En la Edad Media la uroscopia tuvo gran importancia y en muchas pinturas de la época se describe al médico sosteniendo en la mano una “matula”, especie de matraz, botellón de vidrio de base más ancha y redonda, con orina del paciente en su interior. La orina era examinada a través de la vista, el olfato, el tacto y el gusto del médico tratante, y el resultado del análisis era la base para muchas de las terapias. Gustavo Restrepo en su libro sobre las historias clínicas de los reyes de Francia, en el capítulo relacionado con Luis XIV, sobre el examen de la orina anota: “el color naranja era signo de buena salud; el azafrán denotaba predominio de la bilis y el rojo nada bueno significaba. La espuma abundante traducía amenaza de cólicos; las burbujas pequeñas eran características de las migrañas.” (25).

Sólo hasta finales del siglo XIX se comenzó a analizar los diferentes componentes de la orina a través del microscopio. En 1877 el médico alemán Maximilian Nitze diseña un cistoscopio con lo cual se amplía el estudio de la orina a muestras tomadas desde el interior de la vía urinaria. Con el cistoscopio evolucionó un nuevo tipo de médico, el cirujano génito-urinario (conocido más adelante como urólogo) que llegó a ser completamente diferente de su antecesor, el médico venereólogo. El cistoscopio es hoy en día un símbolo de la Urología como el botellón de vidrio con orina lo fue de la práctica médica por más de 600 años (17).

UROANALISIS Y UROCULTIVO

El patrón de oro en el diagnóstico de infección urinaria es el urocultivo (nivel de evidencia 1). En los niños y niñas las muestras de orina se pueden tomar de tres maneras: por micción espontánea, a través de cateterismo vesical transuretral (CU) y por punción vesical suprapúbica (PS). En los menores de 2 años, que son los más susceptibles a la presencia de bacterias en su vía urinaria, las muestras por micción espontánea se pueden recolectan colocando una bolsa adherida al periné del paciente. Otro método de recolección que evita la bolsa recolectora se denomina “al acecho” y tiene la ventaja que disminuye el riesgo de contaminación de la muestra por el recolector plástico. Esta manera de recolección tiene una sensibilidad cercana al 100% para detectar infección urinaria pero unas cifras de falsos positivos que oscilan entre el 30% y el 85% (19). En ese grupo etáreo el estándar de oro para el diagnóstico de infección urinaria es la presencia de cualquier número de bacterias en el cultivo de una muestra de orina tomada por PS, con una probabilidad del 99% (19); la PS tiene poca aceptación por ser un método invasivo, doloroso y con probabilidades de no obtener muestra de orina que oscilan entre el 30% y 50% (19).

Por lo tanto se recomienda que en presencia de un individuo menor de 2 años con cuadro clínico sugestivo de infección urinaria, el primer estudio sea la realización de un uroanálisis de una muestra de orina recolectada por micción espontánea, si la muestra es normal, prácticamente se descarta infección urinaria y se debe investigar otra noxa. Si la muestra es anormal, se debe proceder a tomar una nueva muestra por micción espontánea o si la situación del paciente es crítica, a realizar inmediatamente la toma de una nueva muestra de orina por CU (sensibilidad del 83%-95% y especificidad del 89%-99%) o por PS para uroanálisis y cultivo (19).

En una persona con cuadro clínico sugestivo de infección urinaria la presencia de reacción inflamatoria puede ser detectada en forma indirecta a través de la dosificación en la orina de estearasas leucocitarias, siendo el método aislado más sensible (67%-94%), sin embargo la tasa de falsos positivos fluctúa entre el 6% y el 33%(19). Los nitritos son indicadores indirectos de la presencia de bacterias, resaltando de ellos su gran especificidad (90%-100%) pero con una sensibilidad muy inestable (16%-82%) (19).

En la Guía de manejo de infección urinaria en niños menores de 2 años elaborada por la Sociedad Colombiana de Urología se anota lo siguiente en relación a la interpretación del uroanálisis: “La heterogeneidad tanto en los grupos etáreos, en las prevalencias, en los tipos de población, en los patrones estándar de referencia y sus puntos de corte, en los métodos de recolección de orina, en los métodos de manipulación, transporte, procesamiento y lectura de los especímenes, y el tipo de indicadores que se han utilizado en los diferentes estudios reportados, se ha traducido en una enorme variabilidad conceptual y en una falta de consenso y uniformidad ... la evidencia revela que el verdadero valor de los diferentes componentes del uroanálisis descansa en el valor predictivo negativo que ellos arrojan. Es decir, la negatividad en todos los ítems del uroanálisis virtualmente descarta la presencia de infección urinaria”(19).

En relación al urocultivo, cerca del 95% de los gérmenes aislados reportados en la literatura son Gram negativos de tipo entérico, Escherichia Coli (76%-90%), Klebsiella (0.5%-8%), Proteus (0.5%-6%), Enterobacter (0.8%-5%), Pseudomona (2%) y Serratia (0.8%). Los gérmenes Gram positivos se limitan al tipo del Estafilococo y Enterococo pero en su frecuencia no superan el 5% (19).

Las personas interesadas en consultar esta Guía en Internet deben explorar la página Web de la Sociedad Colombiana de Urología: www.scu.org.co