Etiología

Anatómicamente el sistema urinario del ser humano está diseñado de tal forma que no debería ser colonizado por bacterias. El organismo tiene además una serie de mecanismos de defensa que contribuyen a mantener el sistema urinario libre de infección. En general se acepta que cuando un individuo presenta IU tiene una alteración anatómica o funcional en su vía urinaria, salvo que presente una noxa que facilite la infección (inmunosupresión, cuerpos extraños en la vía urinaria –cálculos, sondas-). La obligación del médico es tratar de encontrar esa alteración.

Miremos las principales entidades asociadas con IU:

a. Alteraciones anatómicas urinarias: los problemas urológicos obstructivos (hidronefrosis, ureteroceles, megaureteres, válvulas uretrales) se encuentran hasta en el 4% y el reflujo vésico-ureteral (flujo retrógrado de la orina de la vejiga a los ureteres y riñones) en el 8%-40% de los niños que son estudiados por presentar un primer episodio de IU (23).

b. Alteración funcional vesical con factor neurológico de base: se denomina vejiga neurogénica y es secundaria a lesiones del sistema nervioso central o periférico (encefalitis, mielodisplasias, malformaciones ano-rectales, teratomas presacros, trauma raqui-medular, espina bífida oculta).

c. Alteración funcional vésico-uretral de etiología no neurológica: con frecuencia se asocia a estreñimiento (éste puede ser secundario a alteración funcional del piso pélvico o viceversa), malos hábitos alimenticios y urinarios.

GÉRMENES INVOLUCRADOS

La gran mayoría de las IU son producidas por bacterias Gram negativas tipo Escherichia Coli (76%-90%), menos frecuente Klebsiella (0.5%-8%), Proteus (0.5%-6%), Enterobacter (0.8%-5%), Pseudomona (2%) y Serratia (0.8%) (3).